8º poema

Corriste el velo. La máscara guarda la cicatriz.
Los polvos del reloj no taparán la herida.
No se detienen mis pies,
aunque las lágrimas lo nublen todo.
Seguir, seguir, seguir.
No existe una tormenta sin la persecución del sol.
Son rayos que despiertan la tragedia.
La vida es real por fin,
aunque viaje en subterráneos.
Bajar, bajar, bajar.
Estamos ciegos de tanto mirar sin ver.
Estamos quietos esperando el milagro.
Respirar es algo más que abrir y sacudir,
es algo más que perderse en el agujero.
Subir, subir, subir.
¿Quién puede retener el fuego que deslumbra?
¿Quién se anima a derretir su calma hasta parir una flor?
¿Quién saca su billete más esplendoroso para sonreír una tristeza?
¿Quién es real y me acaricia con su aliento?
Cosas simples, como el amor.


Imagen Prisma: subterráneo/metro, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

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